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XVIII

Tras un breve espacio de tiempo sin escribir, regresar se hace cada día más complicado. Al principio dudo un poco pues no encuentro razones que justifiquen, como en algún otro momento lo hicieron la flojera o la falta de tiempo, este vacío. Por un momento me frustro recordando días en que entre más escribía más fácil me resultaba hacerlo. Pensando así descubro que ya tengo en dónde descargar mis palabras, mismas que apresadas solamente contribuían a un atasco de mal humor y confusión. Pero de igual forma sé que no es suficiente. Me atoro de nuevo.

Recuerdo ese pasado particular. Decido releerme en busca de pistas. Descubro ideas a cada página y me doy cuenta de que escribía sobre aquello que me ocupaba. En una visión oscura deduzco que si ahora no escribo es porque no pienso, porque no me sucede nada. ¿Entre más escribo más cosas me suceden? Una nueva pregunta. Sonrío.

Ahora tengo dos temas, pero están incompletos, me doy cuenta de que tener ideas muchas veces no sirve para nada. Tenemos que saber entrelazar, crear relaciones entre esos puntos aislados que día a día cruzan nuestra mirada o percepción, que sin quererlo se nos ocurren.

Los instantes, los días, las ideas, personas, experiencias, pruebas e incluso las relaciones mismas, carecen de valor por sí mismas, se fortalecen de acuerdo a algo más, lo que sea que nosotros decidamos, lo que nosotros queramos que sea cada uno de estos ítems. Es así como creamos nuestra vida, una propia y singular, distinta a la de cualquier otro, pensada para cada uno pero en relación al otro.

Es así como todo aquello que pensamos o que nos sucede nos lleva a la vida que queremos tener. Es así como escribimos lo que nos sucede. Es así que escribir nos lleva a la vida que queremos tener.

XVII

Aquel que cuenta crónicas fantásticas, no siempre significa que tenga esa vida maravillosa y que tenga otra forma de percibir. Simplemente las vive al momento en que las escribe. Escribir es buscarnos los espacios en los cuales pretendemos habitar, crear mundos y emular sensaciones. La escritura, al igual que la vida, es cuestión de experimentar, incluso el dolor más intenso para poder entender la alegría que quizá buscamos todos, esa totalidad de emociones que realmente somos y contradice cualquier rutina. Podemos habitar nuestra escritura, podemos convertirla en simulacro. La fantasía y la ficción son tan reales como nosotros mismos, está en nosotros su creación e inspiración, está en nuestra experiencia escribirla y en nuestra imaginación recordarla.

XVI

Una historia sólo pertenece a la realidad en cuanto es contada, cuando está escrita; puede tener una influencia en el lector y siempre repercute en el creador. Pero los hechos allí contados no son reales, son simplemente una manera de mirar las cosas tal y como son.

XV

Siguiendo el pensamiento libre. Tatuaje del recorrido mental, de los procesos. Gran generador; sin pausas, la obligación de escribir arruina que cohibas ideas o expresiones, forza la producción. Me gusta este ejercicio, obligándome a repetir. Propuestas, influencias constantes que se traducen en palabras. Jaulas. Saltos sin aparente orden, así trabaja la mente, por qué no la literatura. Ejercicios de concentración y distracción. Puede ser que falle la pluma, pero no deja expresiones cortadas. A medias jamás, quizá tengan un final valeroso, cayendo durante la batalla, abandonando una vida por delante, o aun la historia por contar. Quizá terminen este capítulo de su vida y cierren, para siempre, la que ya tuvo su fin. ¿Pasará el resto de su vida recordando su pasado, pensando en él con añoranza?, o continuará luchando en otras batallas, olvidando la gloria del momento o engrandeciendo su nombre. Cada frase con camino, con vida, con desenlace, heroica que busca trascender hasta el papel, encontrarse en significado a pesar de nuestras reservas. Independiente. Descanso, tal vez necesite descanso: la mente, la mano, o el verdugo.

XIV

Hablar sobre escribir, escribir como pensar, como sentir. Escribir por placer. Simplemente escribir y recorrer nuestras ideas en un viaje personal, sostenido e inexplicable. Haciendo de este gusto momentos de atención memorables, concentrándome en el instante. Evitando distracciones, descubriendo algo. En estos momentos hay varias cosas que me ocupan, la primera de ellas, por su tranquilidad, por su crecimiento, ella, escribir sobre ella, sin limitarla, sin reducirla, los mundos son distintos, la realidad, el papel, la realidad del papel. Diferenciar los planos y ponerlos a trabajar en conjunto, escribir para definir la realidad, para darle totalidad. Escritura como parte fundamental, como herramienta, como oportunidad.

XIII

Trabajar un texto por molde. Escribir y definir. Contraer la filosofía en un enunciado base, en un cimiento de creaciones; un concepto columna que sostenga la obra. Nociones y no patrones. Encontrar las piezas importantes y buscar la mejor forma de justificar su presencia. Ante la falta de ideas o supuesta inspiración hay que renunciar a la idea romántica de la escritura; cada escrito debe trabajarse con la responsabilidad de un obrero. La arquitectura que lleva a la escritura necesita esfuerzo y resignación a la copia, al esquema que muchos, al igual que yo, utilizan. No vamos a innovar, la ignorancia no elimina la existencia. Lo original cambia la arquitectura pero mantiene las historias, encontrar al mejor representante para cada pieza de nuestro escrito. Saber hilar, dar coherencia y evitar lagunas; he ahí el talento. Abandonemos el romanticismo.

XII

La definición diccionaria que tienen las palabras es sólo una aproximación. El momento en el cual las escuchamos por primera vez, su entorno, son el principal referente de significado. La analogía que une al símbolo con la realidad. Así cada palabra tiene valores distintos de acuerdo al tiempo de aprendidas, aunque algunas por repetición y otras por olvido pierdan esta fuerza.

XI

Hay días en que uno, al escribir, después de pensar su frase y decidir cómo la va a escribir, la primera palabra nacida de su letra es otra. Existen dos formas de continuar. La primera, sencilla, útil pero tan simplemente anodina, es tachar. La segunda, mi favorita, es continuar a partir de ese incierto comienzo, del falso error, a reconstruir la idea con otras palabras. Se podría pensar que esa frase no estaba hecha para ser escrita de esa manera, y que su estructura original sería sin duda mejor a esta aparente improvisación. Pero quizá fue un instinto subconciente, más veloz y más preciso que nuestra mente, lo que nos orilló a escribir de esa forma particular, lo que además de suponer un reto de exposición, ayudó para perfeccionar el texto, para superarlo. No creo en las coincidencias, incidencias o casualidades, una palabra escrita es reflejo de nosotros mismos, espejo del alma, la cual no debiera seguir la mirada de otro, sino convencerse de la propia, es así que esas entradas subconcientes muestran el yo íntimo, el universo isla personal, ahí radica su valor, escondido bajo el reto que, al final, nos decidirá.

X

Para escribir buscamos pretextos, temas que puedan generar desarrollos de fines y causas inciertos. Es una forma, no lo voy a negar, pero mientras llega ese instante perdemos ideas y es probable que al final el texto sea vano y vacío, que tampoco está mal pero seguramente nos dejará inconformes. Otros caminos: contestar preguntas importantes, cuestiones que desconocemos y nos interesan. Dejarnos llevar por la intuición, escribir alrededor de esa cuestión, buscar ejemplos, pensarla en autobiografía y seguir hasta encontrar ese fundamento de una historia, si no es ya la misma historia que se comienza a crear.

IX

1. En ocasiones tenía ideas o instantes en que pensaba tenía grandes diferencias con el otro. Pero a la vez me sentía tan igual, que el pánico de pensar en que ésta era una sensación no compartida sólo me conducía al silencio.
2. De pensar tanto las cosas, uno se termina convenciendo de ciertas verdades o aceptando con naturalidad otras que no lo son tanto. Se quiere convencer de ser extraño y común a la vez.
3. De hablar y pensar las cosas se gastan. Escribir.

VIII

Escribir diario es quizá la única forma de encontrar un estilo propio y convertir este gusto en un oficio e irnos perfeccionando en redacción, generación de ideas, arquitectura de las mismas y demás sitios comunes para aquellos a quienes nos gusta escribir. Pero desde hace tiempo, tengo la idea muy clara de que escribir, además de ser un contexto diferente, en el cual nuestro cerebro trabaja distinto, similar a lo que Vila-Matas decía sobre "escribir es enterarnos de la historia que queremos contar", en su forma de rutina nos ayuda a entender nuestro alrededor. La idea de escribir únicamente cuando se tiene algo que decir, algo que previamente pasó un filtro personal y que pensamos para ser presentado con letras, es limitada. Nos deberíamos proponer escribir no en temas, sino en tiempos, en momentos, no en finales ni explicaciones. Escribir minutos. Regalarnos minutos para que, estemos donde estemos, donde sea y a cualquier hora, en determinado momento, suspender actividades y escribir, lo que venga. Es la única forma de unir los contextos de nuestro entorno, las influencias, con el contexto puro de la escritura. De otra manera, lo que escribimos ya no se relaciona con el instante preciso, con nuestra vida, sino con la percepción que tenemos de ella. Esta interacción de contextos genera textos maravillosos, frustración, y en su manera única de enlazarnos con la realidad nos invita a un nuevo alrededor, en que la presión atmosférica se incrusta con cada uno de sus detalles en nuestra pluma, y no escribimos lo que sucede, sino a partir de lo que sucede. Nuestro cerebro, cada instante está trabajando ideas, inmerso en su entorno. Cuando nos sentamos a escribir, lo cambiamos por completo, pensando netamente en este nuevo plano, descubriendo muchas veces que no podemos, que no sale nada. A lo largo del día creamos constantemente, cosas que más tarde olvidamos o momentos en los cuales nos ignoramos, es ahí cuando debiéramos recordarnos escribir, no echar en saco roto nuestra rutina. Escribir cada día, invadiendo contextos para generar formas particulares.

VII

La definición que encontré fue sólo una aproximación, su momento me dio el significado. La analogía que une al símbolo con la realidad. Así, cada palabra puede adquirir valores distintos de acuerdo al momento de aprenderse, de ser leída, escrita. No importa que por repetición se desintegre.

VI

Muchas veces entramos en confrontación entre lo que queremos escribir y lo que de mejor forma escribimos. Podemos pensar grandes historias, con personajes fascinantes que en nuestra mente, en nuestra imaginación, son capaces de calentar nuestra sangre arrojándonos violentos sobre el papel en blanco, logrando así comenzar proyectos que en la incapacidad de plasmarlos con enunciados, nos van a generar frustración, absurda paciencia que matará a esas grandes ideas con una dosis de olvido. En cambio, el escribir únicamente en maneras que sabemos nos funcionan, en las cuales nos podemos considerar precisos, limita brutalmente los textos en historias que no podemos contar, o que simplemente no están para ser contadas de esa manera, eliminando nosotros mismos algunas posibilidades. Hay que definir, con inteligencia, los objetivos y alcances de lo que vamos a escribir. Escribimos buscando un estilo, mismo que nos lleva a perfeccionarnos dentro de formas particulares de redactar. Ahora pienso que debemos adaptar las historias a ese estilo, que quizá se puedan arriesgar fragmentos en beneficio de la presentación total. También pienso que lo mejor es asimiliar ese estilo que tenemos a la historia, de la mejor manera en que ésta se pueda contar. Creo que lo mejor es escribir.

V

Al escribir, muchas son las veces en que una palabra o una frase que queremos utilizar nos genera cierta duda. Nos hace cuestionar si está bien puesta. En esos momentos es mejor dar un rodeo, buscar otras maneras de expresar esa idea o concepto en específico. Al final, esta forma que tenemos de explicar las cosas, de encontrar caminos alternos a nuestras propias confusiones, se convierte en estilo, en la forma particular de nuestra escritura.

IV

Pensamos historias en específico, a partir de ahí en su desarrollo; con esa forma nos proponemos escribirlas, pero esta no tiene por qué ser siempre la línea de trabajo. Cada historia tiene por fundamento una serie de conceptos que la mantienen en coherencia, esta ideología de trasfondo se descubre cuando pensamos y destazamos el relato. Es ahí cuando debe entrar un segundo planteamiento, cuando cada pasaje debe ser creado a partir de un fundamento que sutil, muy sutilmente se desliza entre páginas buscando un punto emergente capaz de iluminar la percepción del lector. Es cuestión de cada quien el descifrarlo.

III

Escribir desde lo interno. Nos enfrentamos a nuestros propios miedos con tendencias maniqueas. Aquí, la lucha desgarradora se presenta como un extremo opuesto al engaño de no pensar, actuar y sufrir. Buscar una catarsis en la cumbre contraria, la polaridad necesaria para entender aquello que a primera instancia no resulta obvio. Muchas veces elegimos respuestas por completo incoherentes y sin razón, pero el simple hecho de tener una solución pensada, nos da la oportunidad de saltar a un nuevo objeto, a un contrario sujeto a enfoques y a humanos.

II

Los fantasmas personales son fuente de creación para oscuros personajes y puntos argumentales. Pueden ser la base de la historia o una simple representación mental, única y particular.

I

Escribir involucra, necesariamente, el que podamos utilizar la palabra a placer, el que seamos capaces de crear formas, haciendo uso de nuestra percepción y expresión particulares. Desarrollar ideas y conceptos distintos a nuestro alrededor, identidades únicas en cada detalle. Fabricar teorías. Un cuaderno almacena letras, números, glifos, dibujos, rayones, tinta y grafito. Recuerda y abarca. Acude y visualiza. Es el símbolo del aprendizaje, del autodidacta, de quien quiere escribir tan sólo por el placer de hacerlo, por darle forma a sus frases y a un estilo propio.